Parte 2
Los fenómenos naturales asociados con el cambio climático cada vez son más frecuentes y lesivos para los humanos, que tienen que enfrentar los desastres provocados por el comportamiento drástico e inusual de la naturaleza, lo que además influye en su entorno, su situación económica y social, así como en la salud.
Es por esto que, tras la ocurrencia de estos eventos, ya sea de abundante lluvia o una sequía que puede pasar de moderada a extrema, trascienden los brotes de enfermedades virales de fácil contagio, creando temor en la población, así como presión en los sistemas de salud y los gobiernos de las naciones afectadas.
El impacto del cambio climático es multidimensional, por lo cual es abordado por diferentes entidades internacionales que trabajan en la prevención y la mitigación de las problemáticas que se derivan del fenómeno. A propósito del tema, citamos algunos planteamientos interesantes.
Para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “El cambio climático es la mayor amenaza para la salud mundial del siglo XXI. La salud es y será afectada por los cambios de clima a través de impactos directos (olas de calor, sequías, tormentas fuertes y aumento del nivel del mar) e impactos indirectos (enfermedades de las vías respiratorias y las transmitidas por vectores, inseguridad alimentaria y del agua, desnutrición y desplazamientos forzados)”.
Ante esta inminente realidad, el referido organismo creó el Programa de Cambio Climático y Salud, con el propósito de abordar con anticipación y planificación los riesgos y amenazas a la salud humana que se relacionan con la problemática.
En el caso de las islas del Caribe, son muy vulnerables por su ubicación geográfica, el aumento del nivel del mar, así como la interacción muchas veces desmedida y despiadada del ser humano con la naturaleza. La depredación de los recursos naturales nos está pasando factura y es muy poco lo que pueden hacer los países caribeños que cuentan con mayor desarrollo, cuando tienen vecinos que no miden las consecuencias de su relación con la naturaleza.
En tal sentido, el reportaje de National Geographic titulado “Los huracanes duran más tiempo y mantienen su fuerza, aún después de tocar tierra”, publicado en su página virtual el 12 de noviembre de 2020, donde por “Por primera vez, un estudio analiza cómo el cambio climático podría estar provocando huracanes cada vez más devastadores”, se indica lo siguiente: “Es evidente que el aire caliente contiene más humedad que el aire fresco, y una serie de estudios anteriores han demostrado una clara relación entre el cambio climático y los huracanes que provocan más lluvia. Si hacemos una analogía entre un huracán y un motor, podríamos decir que el agua tibia que está debajo del huracán actúa como combustible. Cuando el agua del océano es muy cálida, como en el Caribe y el Golfo de México, puede producirse una sobrecarga”.
Esto explicaría la impredecible e intensa lluvia que se registró hace un mes en la República Dominicana, que dejó un saldo de nueve personas fallecidas, algunas de las cuales estuvieron desaparecidas durante días, creando intranquilidad, ansiedad e incertidumbre a sus familiares, hasta que se supo su triste destino final.
El comportamiento de los fenómenos atmosféricos de los últimos años ha generado cuestionamientos al recurso humano que trabaja en la predicción de los mismos y en los sistemas de prevención. Aunque cueste creerlo, la naturaleza muchas veces actúa de manera incierta, impredecible e implacable, porque ella también tiene sus mecanismos de depuración.
Ante todo esto, llama la atención como las grandes potencias económicas, que a la par son las que más generan emisiones de efecto invernadero hacen esfuerzos para elaborar protocolos y acuerdos en pos de la disminución de estos contaminantes, que se quedan en simples discursos realizados en cumbres que conllevan una costosa planificación, en las que también imperan el lujo, las excentricidades y la demostración de fuerzas.
En el último de estos cónclaves, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, nombrada como COP 27, la cual se llevó a cabo en la ciudad egipcia de Sharm el Sheikh, desde el 6 al 18 de noviembre de 2022, sobresalieron, entre otras cosas: la utilización de 400 aviones para trasladar las delegaciones, congestionando el tráfico aéreo y contaminando mucho más el medioambiente; la presencia de lobistas defendiendo los intereses de empresas que explotan y comercializan combustibles fósiles; así como la revisión de acuerdos y la firma de otros que al final no se cumplen.
Finalmente, los países están conminados a abordar los efectos del cambio climático conforme a su realidad y condiciones económicas. Es pertinente continuar avanzando en la concienciación de como debemos cambiar la relación con la naturaleza y estar mejor preparados para las eventualidades a la que la misma nos enfrenta.