La salud se concibe como un estado de bienestar pleno e integral que abarca tanto lo físico como lo mental. Este equilibrio es esencial para la integración del ser humano en la dinámica social. Sin embargo, mientras tradicionalmente se ha priorizado la salud física, la salud mental ha sido relegada, ignorada o estigmatizada.
El peso de las enfermedades mentales y su invisibilización histórica
Durante años, las políticas de salud han centrado sus esfuerzos en combatir enfermedades transmisibles como el VIH/SIDA y la tuberculosis. No obstante, el aumento de padecimientos no transmisibles como los cardiovasculares y respiratorios ha obligado a un cambio de enfoque. Aun así, las enfermedades mentales siguen siendo tratadas como un tema tabú, poco comprendido y muchas veces silenciado.
Este estigma se origina muchas veces en el entorno familiar y social. El miedo al juicio o a ser etiquetado impide que muchas personas busquen ayuda, lo que agrava la situación emocional y física del afectado.
Causas de los trastornos mentales: genética, química cerebral y ambiente
Factores genéticos, biológicos y ambientales se combinan como catalizadores de los trastornos mentales. En el caso dominicano, el impacto de tragedias nacionales, como la ocurrida en el centro de diversión Jet Set, ha generado secuelas emocionales significativas en la población, incluyendo depresión, ansiedad y estrés postraumático, según el informe del Observatorio de Salud Mental y Bienestar de la PUCMM (julio 2025).
Datos globales que confirman una tendencia preocupante
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la depresión es la enfermedad mental más común, con una incidencia dos veces mayor en mujeres que en hombres en países desarrollados. Además, proyecta un aumento de los trastornos mentales y neurológicos, como el Alzheimer, en las próximas dos décadas.
En paralelo, se registra un crecimiento del consumo de sustancias psicoactivas, muchas veces normalizado e incluso vinculado a estatus social, lo que agrava los cuadros de salud mental, sobre todo en los más jóvenes.
La pandemia como detonante: aislamiento, duelo, infodemia y crisis económica
El COVID-19 dejó una huella profunda. Aisló a las personas, generó miedo, provocó pérdidas humanas, económicas y emocionales, y visibilizó la fragilidad del sistema de salud mental. Muchos pacientes quedaron sin diagnóstico o seguimiento, y nuevos casos emergieron como consecuencia directa del contexto pandémico.
Grupos vulnerables y mayor riesgo emocional
Existen segmentos poblacionales más vulnerables a las enfermedades mentales, entre ellos:
- Personas LGBTQ+
- Individuos con enfermedades contagiosas
- Madres solteras que enfrentan estrés financiero, presión social y sobrecarga emocional
Estos grupos requieren atención especializada y políticas públicas inclusivas y sensibles.
Baja inversión pública en salud mental en República Dominicana
Uno de los mayores desafíos es la escasa inversión. Según la OMS, la media mundial del gasto en salud mental es de apenas 2.8 % del total de salud. En República Dominicana, esta cifra ronda apenas el 1 %, con solo 600 psicólogos en centros de salud pública, cuando se necesitan al menos 1,800, de acuerdo con el psicólogo clínico Dr. Carlos R. Hernández.
A esto se suma que los tratamientos y terapias privadas suelen ser inaccesibles para la mayoría, dejando a muchos pacientes sin opciones reales de atención.
La calle como reflejo de una crisis no atendida
La falta de cobertura y atención ha hecho que muchas personas con enfermedades mentales terminen deambulando por las calles, en condiciones precarias, representando un riesgo para sí mismos y para la sociedad. Algunos expertos definen esta situación como “un manicomio abierto”, por la cantidad de pacientes no atendidos circulando sin control.
Violencia, suicidios y salud mental
La relación entre salud mental, violencia y suicidios es directa. En 2024, República Dominicana registró 651 suicidios, la mayoría de hombres en edad productiva, según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y el Observatorio de Seguridad Ciudadana. Esta cifra evidencia un problema estructural urgente.
Eventos recientes, como la tragedia en un edificio de Naco, donde una persona perdió la vida durante un episodio psicótico, demuestran cómo la falta de diagnóstico y atención puede tener consecuencias fatales. También plantean interrogantes legales, pues el Artículo 64 del Código Penal Dominicano establece que las personas con demencia no son penalmente responsables. ¿Cómo se resarce entonces a las víctimas?
Urge una respuesta nacional: prevención, acceso y desestigmatización
Para enfrentar la crisis de salud mental en República Dominicana, se requiere una estrategia integral:
- Aumentar el presupuesto destinado a salud mental
- Ampliar la red de psicólogos y psiquiatras en el sistema público
- Garantizar cobertura de salud mental en el sistema privado
- Implementar campañas educativas que rompan el estigma
- Priorizar la prevención y el diagnóstico temprano
Conclusión: humanizar para sanar
Las enfermedades mentales en República Dominicana son una realidad urgente que requiere recursos, políticas públicas sostenibles y una mirada humana. Solo con un enfoque integral podremos construir una sociedad más sana, empática y segura.





